Pues sí. Hoy me han caído los treinta y cuatro añazos. Un día normal en una vida normal. Y gracias, que en estos tiempos hay que estar agradecido con lo que se tiene y no con lo que se querría tener pero no se puede.

De momento no he tenido el trauma que suelo tener en años anteriores. Eso de que "joer, otro año más viejo". Debo ser de esos que tienen el síndrome de Woody Allen. Osea, ver lo negativo en lugar de lo positivo de cada situación.

En fin, que aún no estoy en el ecuador de los cuarenta. Pero poco queda (de nuevo mi optimismo marca). Nada mejor que dejar constancia de este hecho en mi blog. Dejado de la mano de Dios por culpa del que escribe y que muy de vez en cuando intento animar esporádicamente.

Un abrazo a todos los que me hayáis leído y me sigais regularmente.

 

P.D. Gracias a Hijar, Gamundi y Cabalgante por regalarme la réplica del coche de Regreso al Futuro y una de las camisetas más frikis que se pueden encontrar.